Lavando ropa (del voluntario Moncho Torres)

Llevo más de un mes en el Lar y hoy, por primera vez, he ido a lavar mi ropa. Nadie me ha obligado, podría haberlo hecho Dona Marta (una de las señoras que tienen trabajando en el centro y que realiza todo tipo de labores: desde lavar la ropa y limpiar, a ayudar en la cocina), pero como nunca sabes cuándo te será retornada debido al mucho trabajo que tienen (mi experiencia anterior fue la de tener que subsistir casi una semana con dos calzoncillos y dos pares de calcetines…), he preferido adelantarme. Pues eso, que me puse de lleno en el ‘fregao’, como hacían antes nuestros abuelos, con un caldero de agua y detergente de lavar a mano, a frotar y frotar. O no tan antes… Aún recuerdo en Segade, la pequeña aldea de la que procedo en Caldas de Reis (Pontevedra), cómo las mujeres iban todos los días a lavar la ropa al río, arrodilladas, frotando y refrotando en una piedra lisa colocada para ello.

Dona Marta y Dona Teresa, con la colada / Moncho Torres

El caso es que, al comenzar a lavar, uno de los niños, de 12 años, se me acercó un poco sorprendido. Le resultó extraño ver cómo lavaba yo mismo la ropa, realizando una labor destinada a los más jóvenes y a las mujeres. Superado el susto, me ofreció ayuda. Acepté encantado. Y así, como dos marujonas,  nos pasamos una hora de cháchara.

Hablamos un poco de todo. Primero de los estudios. Me dijo que iba en 7ª clase (7º de EGB, aún no me entero con lo de la ESO) y que le gustaba mucho estudiar. Según él,  solía sacar muy buenas notas. Sobre su preferencia entre letras o números, indiferente: “Me gustan las dos”. “¿Y qué quieres ser de mayor?”. “Doctor”, me respondió. Luego hubo preguntas sobre la duración de los estudios de Medicina. Al decirle que son unos 6 años de estudios, me dijo: “Eso está chupado”.

Angelina, una de las niñas del Lar, lavando / Moncho Torres

Después, hubo un rato de intercambio de castellano – portugués. “¿Qué es coche?” (palabra escuchada a los Padres del Lar). “Carro”, respondo. “¿Y esto?”, le pregunto señalando mi rodilla. “Joelho”. “Y comboio es tren”, me dice recordando una conversación anterior. “¿Y has subido alguna vez al tren?”, le pregunto. Y me responde que sí, que a visitar un pueblo a una hora de distancia, de excursión. “¿Y fuiste solo?”. “No, con mi madre.” Y se calló un momento, frotando con esmero una de mis camisetas. No supe si preguntar más, pero no sabía si, en su caso, internarlo en el centro había sido por muerte de los padres o por abandono.

– ¿Y dónde está ahora tu madre? ¿Está bien?

– No.

– ¿Enfermó?

– Sí.

Desconozco cuál fue el motivo, no insistí. Causas de muerte por enfermedad, en Mozambique, son muchas: malaria, tuberculosis y, sobre todo, el VIH-SIDA.

Lazos rojos recuerdan por doquier que nadie puede bajar la guardia frente al SIDA / M. Torres

En otra ocasión, este niño me había enseñado un examen de inglés (puntuación: 19 sobre 20). Cuál fue mi sorpresa al ver el uso que hacían de la problemática del VIH, como tema de fondo en las preguntas del examen, para concienciar al alumnado. Por ejemplo, debiendo indicar verdadero o falso, decían:

  • Cuando abrazas a un niño enfermo de VIH-SIDA te contagias.
  • Quien tiene muchos novios y novias tiene menos posibilidades de contraer el VIH-SIDA.
  • No se puede tocar la sangre de un infectado de VIH-SIDA.

Por cierto, mientras escribo, escucho el pitido de un tren al pasar. La vía se encuentra muy cerca y, por la noche, se puede ver cómo ilumina con poderío el camino a su paso.

João, lustrando sus zapatillas / Moncho Torres

Regresó a España, tema exótico y de mucho interés: “¿Y se podría ir en coche hasta España?”. “¿Desde aquí?”, pregunto. “Sí”. “Pues como poder, poder, sí se podría, aunque se tardaría mucho tiempo”. “¿Una semana?”. “No, unos 5 meses”. “¿Cuánto!”. No cabía en su cabeza que para ir a un lugar pudiese necesitarse tanto tiempo. “¿Pero no está en el norte de África?”. “Sí”. “¿Y para ir al norte de África se tarda tanto tiempo?”. “Es que África es muy grande”.  “¿Y en avión?”. “Un día”. “¿Y cuánta cuesta?”. “Mucho”.

Manuele, uno de los jóvenes del Lar, que se ha convertido en el nuevo jardinero / Moncho Torres

Silencio. Pregunto si en noviembre hará mucho calor. “No, no tanto”. “¿Y la lluvia, cuando llegará?”. “En octubre”, me dice, y se le ilumina el rosto. “¿Y en España llega la Navidad?”. “Sí, en diciembre, y hace mucho frío y nieva”. “¿Y os dan regalos?”. “Sí, nos los traen los Reyes Magos”.  “Ya sé, nos los dijo el Padre Pedro. A nosotros no nos llegan, si quieres un regalo hay que ir a comprarlo a la Baixa (centro de Beira)”. “¿Y por qué no llegan los Reyes Magos a Mozambique?”. “Padre nos dijo que estamos muy lejos, y que no les da tiempo a llegar hasta aquí”. “Claro, porque ellos van en, ¿cómo se dice en portugués? ¿Camelo?”. “Sí, camelo. Si vinieran en avión sería diferente”.

Mural de los Reyes Magos a su llegada a Belén (Iglesia de Nazaret, Beira) / Moncho Torres

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6 comentarios

  1. Me gusta mucho la historia y las fotos que la acompañan; acercan la vida del Hogar a los que vivimos en otra realidad. Me recuerdan esos pequeños relatos, tan humanos, de la literatura gallega. Te animo a seguir ofreciéndonos estos testimonios tan entrañables.

  2. Buenos días Moncho:
    Al leer tú comentario, me
    emocioné un poco, la verdad qué todo lo que estás haciendo es un gran lujo como experiéncia personal,
    ya estás acostumbrado,y pienso qué ya toreaste en peores plazas.
    Dios te lo pagará, pués eres una gran persona,
    sobre todo sacrificada y luchadora. Nunca pensé
    qué fueras tan fuerte. !Enhorabuena!, tus papis y
    Nuria tienen qué estar muy pero qué muy satisfechos.
    Cuídate mucho, y sigue así.
    TE QUEREMOSSS

    • Lola, me sonrojo un poco frente a tantos halagos, muchísimas gracias. Pero los que realmente son fuertes son estos críos. Deberíamos aprender todos de ellos por cómo, a pesar de la dura situación en la que se encuentran, son capaces de disfrutar, reír y, con optimismo, seguir adelante. Los admiro.

      Besos a todos los Bernardini por ahí, recuerdos desde Mozambique

      Moncho

  3. Hola Moncho, paso mucha envidia cuando leo lo que nos cuentas; me encantaría estar allí, con esta nueva situación y poder ayudar en algo. Yo estuve cuando aún vivían los Padres Somascos en Beira y aún tenían que atender la misión de San Antonio de Barada. Justo en el tiempo en el que estuve allí, se vieron unas casitas para alquilar y acoger a unos cuantos chicos hasta que pudieran ocupar el terreno en el que ya estáis. Yo fui a visitar el terreno que había cedido el ayuntamiento de Beira y, todavía estaba lleno de Árboles, todo aún era un sueño y, sintiéndolo en el alma, me tuve que venir con el caramelo en la boca. Me hubiera quedado un año y, si no tuviera familia que atender ni trabjo con el que cumplir, desde luego que me iría a vivir a Mozambique. ¿Cuánto tiempo vas a estar allí? Se nota que estás disfrutando. Todo lo que vivas ahora, te servirá para siempre. Cuando estás allí un poco tiempo, eres otra persona ya para siempre, aunque te tengas que resignar a que se te pasen años sin volver como me ha pasado a mí. Espero encontrar fechas en las que pueda ir. Mi caso es que, aunque soy maestra que se supone que tenemos tiempo para ir en verano, estoy muy comprometida con los campamentos de Almería como voluntaria todo el mes y me da pena dejarlo y, luego, en Agosto, también tengo que vivir enfamilia para ya a finales de Agosto empezar co mucho lío de preparación del curso, horarios….. Bueno, que me veo atrapada durante el año por las fechas para hacer cosas para el colegio y, además para la ONG y, en verano, también. Vivo con algo de frustración este agobio de falta de tiempo, de querer hacer muchas cosas y no fallar en ninguna y me mata el no poder disponer de, por lo menos, un mes para irme allé, con vosotros. Da muchos besos a Carlos y a Pedro y, sobre todo a los niños, que te trasmiten tranquilidad y felicidad, cosa que a los jóvenes de aquí, siempre les falta. Siempre están impacientes, no saben esperar, no se quedan conformes con nada, quieren todo, bueno, teniendo en cuenta lo que han vivido en nuestra sociedad, también tenemo muchos jóvenes que son muy majos y que valoran las cosas, pero me encantaría que vivieran más de cerca estas experiencias porque se enriquecerían un montón. Te dejo porque me pongo a pensar en Mozambique y no termio.
    Un beso.Maxi

    • Hola, Maxi!!

      Uf, la que está cayendo ahora por aquí. Parece que las lluvias al fin llegan (los campesinos se quejaban, pues las necesitan para el cultivo de arroz). Resulta ensordecedor escuchar cómo golpea contra el tejado… Me encanta. Je, je, como buen gallego, me parece relajante.

      Seguro que alguno de los chavales que conociste son Paulino, Albino, Tobias, Mandinho… Los tendrías que ver ahora, crecidos, unos hombrecitos ya. Bueno, Albino sigue como un palillo, pero igual de cariñoso que siempre. Paulino, Tobías y Mandinho sí que están crecidos. En el colegio, Paulino y Tobias muy bien, Mandinho, nada. Este año no nos pasará de curso. Y tendrías que conocer a los nuevos, a los más pequeños: Ivan, Samuele, Kim… Hoy hemos tenido un combate de lucha libre con este último. Está enfermo (hace unas horas tenía 38.9) y no quería tomarse las pastillas que le recetó el médico. Nada, tapando la nariz, agarrándolo entre varios, bueno que llegó Daniele, uno de los cuidadores, y supo encontrar el método: deshaciendo las pastillas y dándoselas con una cuchara disueltas en agua. Hubo que seguir luchando, pero se consiguió el objetivo… Cosas del día a día. Y las niñas, que estos días no están porque todas se han ido con algún familiar de vacaciones de verano. Todas un cielo, sobre todo las más pequeñas, por las que siento predilección: Flora, Abiba, Maivis, Joana…

      Me apena mucho hablar de ellas porque ya no las veré más, debido a mi próxima partida a España (al final me quedo 4 meses, hasta el 3 de diciembre). Una pena, les acabas cogiendo realmente cariño a todos (incluso a los más malandros, je, je) y ¡aprendes tanto de ellos!

      Maxi, ojalá puedas regresar, y vengan tambien todos los que lean esto. Y ojalá pueda volver pronto… Los voy a echar mucho de menos.

      Un beso, Maxi

      Moncho

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