ENTREVISTA A PADRE PEDRO (por Moncho Torres)

Padre Pedro, director del Lar São Jerónimo / Moncho Torres

El Padre Pedro López (Aranjuez, 1965) llegó a Mozambique en agosto de 2005. Siempre en compañía de otros Padres somascos (desde 2009 se encuentra a su lado el Padre Carlos, también madrileño), el Padre Pedro es el director del Lar São Jerónimo: ese todo a las afueras de la ciudad de Beira (provincia de Sofala) que abarca un orfanato, escuela de alfabetización, agropecuaria y centro de formación profesional. Padre Pedro,  un estratega que, con estilo napoleónico, logra sacar adelante una obra que a otros muchos superaría. Cuando se le conoce, parece hallarse siempre cavilando acerca del mejor modo de hacer frente a los continuos obstáculos diarios que se le plantean: haciendo malabarismos con las cuentas para llegar a fin de mes, el intento por mejorar la situación de los huérfanos y huérfanas a los que tutela (cuyo cariño mutuo es total) o sobre cómo ayudar a los otros jóvenes que todavía continúan en la calle: solos, hambrientos, desamparados.

Entrevistamos a P. Pedro en el Lar São Jerónimo, antes de la cena, en uno de los pocos momentos  tranquilos que tiene al día:


 

– Antes de nada me gustaría conocer cómo comenzó todo, cómo se creó el Lar São Jerónimo, incluso un poco antes, en Barada (el primer destino en Mozambique, un lugar apartado de la civilización, en medio de un gran palmeral, en la misma provincia de Sofala, donde había un internado y escuela de dimensiones mayúsculas, con 1.500 alumnos y más de 700 internos), As Palmeiras (en el centro de la ciudad de Beira), e incluso un poco antes, en España, ¿por qué se decidió venir hasta aquí?

En un principio no se pensaba en un centro como el que ahora tenemos, ni se pensaba tampoco en una obra directa de la congregación. Se pensaba más bien en coger algún tipo de obra vinculada al sistema educativo, donde pudiera desarrollarse la congregación, presentar su carisma y trabajar en el mundo vocacional. Y es así, con estas ideas, que se llega a Barada. Barada, una misión de la Diócesis de Beira gestionada por un comboniano, el Padre Otorino, que a su vez se halla dentro de la Asociación Esmabama. La permanencia en Barada no llegó a 3 años, debido a que en cierto momento los Padres que nos hallábamos allí nos dimos cuenta que nuestra situación y manera de estar dentro de Esmabama era bastante complicada, además de ser una misión que ya funcionaba bien, mientras veíamos a su vez las necesidades que había en Beira, con los niños y niñas de la calle.

Y es así que decidimos pensar en algo nuestro, de la congregación, algo del mundo de los huérfanos y de los chicos de la calle, de la juventud abandonada, en definitiva. Entonces el planteamiento era: nos quedamos aquí, en la diócesis de Beira, o nos vamos a Maputo. Pero al ver la buena acogida por parte del obispo de Beira de nuestra propuesta, decidimos quedarnos.

En un primer momento tratamos de ayudar a los niños que veíamos en la calle, dándoles algo de comida y pasando algún tiempo con ellos; pero había muchos que estaban enfermos y dormían a la intemperie, por lo que decidimos hacer más. Y es así que alquilamos una casa con capacidad para 10 críos, los tuvimos, y al mismo tiempo tramitábamos con el Ayuntamiento la obtención de este terreno. Al obtenerlo, presentamos proyectos a instituciones europeas, en lo que ayudó muchísimo la oficina de misiones de nuestra congregación dirigida por el Hermano Gali y después también con los fondos que comenzaron a llegar de la Provincia de España y, especialmente, de la ONGD Fundación Emiliani.

El proyecto inicial eran casas de acogida, un centro de formación profesional y un centro diurno. Todas estas perspectivas se están cumpliendo: la acogida de menores ya funciona con la zona residencial, el centro de formación profesional comenzará a funcionar en enero – febrero de 2011, y nos queda pendiente un poco el asunto del centro diurno. Resulta preciso señalar que cuando el proyecto se inscribe nos encontrábamos en la ciudad, donde un centro diurno hubiera tenido otra utilidad. Aquí en la zona donde nos encontramos (a 20 km de Beira), el centro de día resulta un poco más complicado.

Mi intención en la actualidad es encontrar una alternativa a este centro diurno a través de los cursos de formación profesional. Me explico, casos de chavales que puedan venir a estudiar, que pasen parte del día aquí mientras aprenden un oficio y que a lo mejor, con el tiempo, si las condiciones generales lo permiten, exista la posibilidad de integrarlos en la residencia. Y para aquellos que tienen la posibilidad de regresar con sus familias, pueden pasar aquí parte del día, donde adquirirán una formación profesional, además de proporcionarles comida, participar de otras actividades y, por la noche, pernoctar con algún familiar.

Además, se podrá dar el caso de otros niños o jóvenes que se encuentren en una situación de pobreza absoluta aquí en la zona, por lo que el centro de día podría encontrar aquí su sentido. Aunque esto se hará, como hemos hecho hasta ahora, poco a poco, en el caminar, antes deberé resolver algunas incógnitas.

Los niños de la ciudad vendrían hasta aquí en transporte público. Otra idea es alquilar algunas casas cerca de este centro, no digo en la zona del Lar São Jerónimo pero sí en un lugar aproximado, puede ser un barrio cercano, donde podemos tener grupos de 3 o 4 chavales, de 16 – 17 años. Son chavales que ya tienen una cierta autonomía allá afuera. Si antes la idea era traerlos aquí, tal vez lo mejor es mantener esa autonomía, donde ellos van a tener su casa y prepararse la cena, pero después podrán optar por una formación profesional aquí dentro e incluso podremos ofrecerles la comida. Con ello nos encontraríamos con un tipo de centro de día, una situación intermedia, que puede ser bastante beneficiosa para ellos.

– ¿Y estas casas contarían con cuidadores?

– No, las casas se las tendrían que gestionar ellos, sin cuidadores. Después, también está el problema de la acogida de niños menores de 10 años, incluso de 10 y de 11. Reservar más los espacios del centro para esas edades. La construcción de la quinta casa, que ya se ha comenzado dentro del recinto del Lar São Jerónimo, estaría destinada  a estos chavales mayores, cuya independencia se halla próxima. Y en esta dirección podrían funcionar también esas casas de las que hablaba, no solamente en la ciudad de Beira, sino también fuera. Puede ser una idea que podemos transportar a ciudades como Chimio (provincia de Manica).

Aquí tuvimos la visita de la directora general de Acción Social de Chimoio, la cual al ver esto se quedó muy sorprendida y nos invitó a ir allá. No digo que debamos ir y hacer lo mismo que estamos haciendo aquí, pero que sí podemos ir y empezar como lo hicimos aquí: una casa alquilada, un grupo de chavales, después viene conseguir un terreno, la construcción de una casa y finalmente Dios dirá. Creo que contamos con laicos que nos pueden ayudar en esto, y que podrían ser personas vinculadas al Movimiento de los Laicos Somascos. Estos centros dependerían de éste y, en un principio, serían de pequeñas dimensiones: se trataría de familias de acogida como apéndice de este centro, llevada por educadores y vinculados al Lar São Jerónimo. Además existe la posibilidad de que el día de mañana pueda haber más Padres que vengan a Mozambique, nativos o no, por lo que no sería necesario concentrar todas las fuerzas aquí. Se podría pensar por ejemplo también en Maputo, como el fin de estar más cerca de las instituciones centrales. Esto es un poco el pasado, presente y futuro, lo que puede llegar a ser.

P. Pedro sirviendo Maheu, bebida tradicional, en una de las festividades del Lar / Moncho Torres

– ¿Me podrías hablar un poco de tu experiencia profesional en el pasado?

– Mi experiencia proviene de un centro tutelado de menores en Teià (Barcelona). 21 menores repartidos en pisos y por edades, en una gran masía. Allí trabajé 9 años.

– ¿En qué se diferencian esos niños de éstos?

–  En la cultura, básicamente. La carencia de afectividad está presente en todos ellos. Aunque, actualmente, en Europa son bastante más agresivos. Los de aquí son muy tranquilos.

– ¿Qué fue lo más difícil al llegar aquí? Idioma, la cultura, encontrar el lugar donde comenzar…

– La verdad es que no encontré muchas dificultades. Suelo ser un tipo que me adapto bien a las situaciones. Y tal vez lo más difícil fue el esfuerzo de, a través del portugués, lograr entenderme con los demás. Tardé unos 3 meses en hablarlo y defenderme bien. Iba haciendo mis pinitos: escribía la homilía en castellano y luego la traducía al portugués para leerla en misa,  traducir todo lo que se me ponía delante, hablaba mucho con la gente y pedía que me corrigiesen…

– ¿El primer contacto con los niños de la calle cómo fue?

– El primer contacto fue fácil, pues basta salir a la calle para encontrártelos. Entonces te acercas a ellos y sabes que lo primero que van a hacer es pedirte algo, para luego narrarte sus historias. Historias que generalmente las primeras suelen… no ser verdad, fantásticas, imaginarias, por no decir mentira. Y cuando te vas ganando su confianza, poco a poco, vas descubriendo la verdad de la persona, y la verdad de la situación que vive (les llevábamos medicamentos, comida, veíamos dónde dormían). Ese primer contacto lo realizamos juntos el Padre Bruno y yo a base de patearnos la calle. Teníamos los mismos pensamientos, la misma manera de actuar. Esto nos hizo madurar mucho y acelerar todo lo que estamos viviendo ahora.

– ¿Cómo trabajáis con los servicios sociales?

– Cuando tenemos a alguien para traer al centro, algún chaval o alguna chica, se presenta a Acción Social (nombre que reciben aquí los servicios sociales) y ellos dan el reconocimiento. Y, por otro lado,  cuando ellos nos necesitan, nos proponen candidatos para entrar aquí. Trabajamos de un modo similar al que se trabaja en España. Intentamos contactar con ellos siempre y estar en comunicación en lo referente a los niños.

– Me imagino que cuando llega un nuevo niño resulta necesario realizar cierta labor psicológica con él, ¿cuál es el proceso?

– Generalmente se integran bastante bien y son muy bien acogidos por el resto de compañeros. Lo primero es enseñarles las instalaciones, donde se van a ubicar. Después presentarles al personal y compañeros, muchas veces son los mismos compañeros los que se encargan de mostrarles todo, incluso las cosas a las que a lo mejor nosotros no les damos importancia y ellos sí. El siguiente paso es abastecer de ropas, de utensilios de aseo y lo siguiente ya es todo el protocolo médico y escolar. La búsqueda de la familia se va haciendo con el tiempo, pues al principio no suelen hablar de ello. Se va descubriendo poco a poco, algunos antes que otros.

P. Pedro con Rachide, uno de los jóvenes acogidos / Moncho Torres

– Por mi día a día aquí puedo ver que a muchos de los niños les has cogido cariño. Pero claro, este es un centro de entrada y de salida. ¿Cómo llevas la marcha de esos críos con los que has convivido durante tanto tiempo?

– Yo sé que se tienen que ir. Las salidas forman parte del ciclo y nosotros estamos aquí para eso. La intención es que, cuando alguien sale, sepan que esto es como su casa y que aquí tienen, como mínimo, amigos. Aparte de que no terminan por desvincularse, siempre existe un relación familiar: vienen, nos visitan, están con los amigos, piden alguna cosa… Es como el hijo que se marcha de casa, que llega a ver a los padres y… (Risas).

– ¿Han sido muchos los niños que se han marchado?

– No, de momento han sido unos 6, más o menos.

– Creo que en eso se puede apreciar un problema, en el sentido de que no se cumple uno de los principales cometidos del centro, que es la reinserción familiar y que así puedan entrar otros.

– Bueno, la salida de estos 6 ha sido por motivos familiares, porque se ha encontrado a alguien de la familia y se ha producido la reinserción familiar, incluso había algunos que la familia pensaba que habían muerto. No se han producido por llegar a la edad de emancipación. El proceso acabado, que lleguen a una edad y se independicen, eso todavía está por verse.

– La clave sería esa quinta casa y el centro de formación profesional.

– Sí, porque también hay que decir que la salida de aquí no resulta fácil. No siempre las familias los quieren llevar, incluso se hartan de tenerlos. El concepto que tienen ellos de sobrino y de tío no es el mismo que nosotros. Se suele decir que el concepto de familia aquí es muy fuerte, pero eso es sólo para unas cosas, para otras no. Ellos dirán: “Estos son mis hijos, tú no”. Incluso el modo en que viven ellos el sentido de la orfandad es muy diferente. Cogen al huérfano y éste se convierte en el criado de todo la familia. “Porque estos son mis hijos y me tienen a mí que soy su padre. Tú no tienes, es una desgracia”. Entonces ese concepto de que la familia unida jamás será vencida, aquí es muy relativo. El sobrino es sobrino y, como es sobrino, tiene también que buscarse la vida. Ahora, de ahí a que se lleven bien, es otra historia.

– Ahora estamos en sus vacaciones de verano (noviembre, diciembre y enero). Muchos niños se han ido a casa de sus familiares… ¿Es esto un modo también de ver si existe la posibilidad de la reinserción?

– Es un modo, efectivamente. Es una manera de medir las fuerzas de ambas partes, del chaval y de la familia, ver cómo están, cuál es la situación: primero afectiva y después la de mantenimiento. La primera es la más importante, porque la segunda siempre se puede intentar hacer algo.

– ¿Resulta complicado dirigir un centro tan grande, con tantos trabajadores, con la única ayuda del Padre Carlos?

– No, no me resulta complicado. No me resulta complicado porque también voy delegando en la gente muchas responsabilidades, sobre todo las relacionadas con su cultura. Tengo quienes me ayudan con eso y entonces la dirección del centro se hace mucho más llevadera.

– ¿Por qué los temas culturales son los más difíciles?

– Son los más difíciles porque existen siempre muchos matices, incluso palabras o la misma forma de expresarse que requieren un vocabulario muy particular, que muchas veces desconozco.

– En mi opinión,  la dependencia hacia ti es total, lo que provoca que la situación sea muy frágil. ¿Se puede ir esto al garete si tú te vas?

– No, esto no se va al garete porque yo me vaya, porque esto está apoyado por una congregación. Si yo me fuera vendría otro, y además aquí ya hay gente que trabaja muy bien. Y una manera de mostrar que yo confío en ellos, y de que pueden trabajar sin mí es, volviendo a la primera pregunta, arriesgar incluso en abrir locales que van a estar prácticamente gestionados por ellos. Yo ya he pensado en gente, y gente que me ha demostrado que pueden trabajar sin mí. Y ejemplos tenemos, Charenga podría ser uno. Es decir, que en ese sentido, “irse todo al garete”, yo creo que no.

– Hablando de todos esos trabajadores que tienes aquí: ¿cómo los seleccionaste? ¿Cuál es su función?

– Este personal que tenemos lleva con nosotros casi desde el principio. Es un personal con el que hablo mucho, con el que he tenido numerosas reuniones, sobre todo el año pasado, de formación, de lo que es ser educador… Porque la manera de ser educador aquí tampoco es como nosotros la entendemos. Para ellos ser educador es lo equivalente a ser maestro, profesor. Fue difícil hacerles ver que no era así, que su trabajo consiste en recoger toda la vida del niño. No los momentos sueltos del estudio, sino todo: desde la alimentación, pasando por la salud, por la limpieza, al apoyo escolar y el estudio. Y, poco a poco, lo han ido aprendiendo. Tengo por ejemplo un encargado de las escuelas, que lleva todo lo relacionado con la educación, que es Juta. Y las relaciones con el barrio pasan por Daniel, se traten éstas de cosas buenas como de algún pequeño conflicto.

LES DESEAMOS UN FELIZ AÑO 2011 Y LES AGRADECEMOS TODO EL RESPALDO QUE NOS HAN PROPORCIONADO HASTA AHORA (PADRES SOMASCOS – MOZAMBIQUE)

 


Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: